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Historia de amor 3

Vine a Barcelona por trabajo, abrían una nueva sucursal aquí y querían contar con los mejores de toda España para esta apertura. El día que mi jefe me mandó llamar a su despacho pensé que ya se había enterado de que era yo la que se comía los postres caseros que traía de vez en cuando y dejaba en la nevera con un cartel con su nombre y un no tocar, peeeero no era para eso, por suerte. Querían ascenderme y estaban pensando en un puesto bastante superior al mío en cuanto a sueldo y también en responsabilidades, lo que olvidó comentar ese primer día fue que tenía que mudarme a Barcelona y hacer un curso de catalán junto a otros 24 elegidos de otras partes de España. Total que allí estaba yo, sentada entre 24 adultos más que optaban a mi puesto o alguno parecido, me sentía como si tuviera 15 años de nuevo, sentada en un pupitre con un desconocido y un profesor al que no entendía nada de lo que decía, así que decidí echar un vistazo a mi alrededor y entonces vi a un chico que miraba atentamente al profesor con cara de concentración y al libro que tenía delante, subrayaba algo y entonces levantó la mirada y me pilló. Casi sufro un desgarro cervical de lo rápido que me giré, así que no pude ver cómo sonreía. Por fin sonó un timbre y pudimos salir a tomar un descanso, mi mente sólo repetía café, café, café cuando al entrar en una pequeña cafetería de enfrente me choqué con alguien y su café salió disparado, cómo no, hacía mi bonita blusa blanca. Mierda. Miré a la persona que había tenido el café en la mano y me dijo
– ¿Siempre estás igual de despistada?- Echó mano de las servilletas y fue a limpiarme la blusa, así que me las puso en mis pechos y le dije – ¡Oye!
Los dos enrojecimos, se disculpó y vi que había sido sin intención, así que nos miramos y nos echamos a reír.
– Soy Toni- me dijo.
– Yo Emma- nos dimos dos besos y le pregunté qué era lo que le había tirado. Me lo dijo y lo pedí junto mi café sólo para llevar, así que salimos y vimos otro puñado de las personas de aquel curso y fuimos hacia allí. Estaban hablando sobre de dónde venía cada uno y nos unimos a la conversación. Yo venía de Madrid y Toni de Huesca y era el chico aplicado al que había estado mirando en clase.
Tomamos la costumbre de salir juntos a esa especie de recreo y un día compraba él los cafés y otro yo, mientras el otro esperaba fuera, nos gustaba tontear aunque lo tomábamos como un juego, a veces mi estómago aleteaba cuando le miraba en clase y él me guiñaba un ojo, yo sonreía. El curso duraba 3 meses y ya llevábamos 2 y medio, en nada haríamos el examen y sólo los 10 mejores de los 25 nos quedaríamos allí, el resto volvería a su antigua vida. Algunos lo preferían pues no querían separarse de sus familias o no les gustaba la ciudad. Yo prefería quedarme. Total que quedamos todos para salir a cenar y tomar unas copas. Cerramos varios locales y decidimos irnos a un parque a seguir charlando, había unas pocas farolas encendidas. Empezaron a hablar de uno de los profesores que teníamos, realmente parecíamos quinceañeros, decían que no vocalizaba y no se le entendía nada, todos reían, a mi me sabía mal y salí en su defensa, entonces habló Toni.
– Claro, a ti tampoco se te entiende- se rió- tampoco vocalizas- entonces le hablé moviendo sólo los labios
– Sí que vocalizo- le dije sin el menor sonido
– A ver si me entiendes tú a mi- dijo él y yo le reté con la mirada y afirmé. Movió sus labios y vi claro lo que decía, así que dije en voz alta.
– Ja, te quiero
– Yo también te quiero- dijo él, se acercó a mi y me besó, cuando se separó de mi yo aún temblaba y tenía los ojos cerrados. No sé si alguien se dió cuenta de lo que nos había pasado pero mi mundo se detuvo por unos momentos en ese beso.
No me reí, tampoco lo hizo él, los demás seguían hablando y riendo pero yo ya sólo podía pensar en ese momento y en cómo me habría sentido a los 15 años y, sí, exactamente igual que ahora con 30.
Poco tiempo después hicimos el examen, Toni sacó muy buena nota y la mía tampoco estaba mal. Entramos en los 10 elegidos para quedarnos en Barcelona, nos mudaríamos, nos pagarían el alquiler de un año y si queríamos comprar un piso ellos nos darían facilidades. Toni y yo decidimos compartir piso de alquiler a ver qué tal, cada uno teníamos nuestra propia habitación pero siempre que estábamos en casa hacíamos todo juntos por lo que sólo utilizábamos una y pronto preguntamos por las facilidades para comprar un piso juntos.
Hace ya 10 años de aquel curso, 10 años que vivimos en Barcelona, aún se ríe de mi por cómo caí en su trampa el día que me besó por primera vez, yo me hacía la enfadada y le daba un golpecito en el hombro mientras mordía mi labio inferior y me daba un cachete en el culo mientras nuestro hijo daba grandes carcajadas desde su trona mientras le dábamos la papilla de frutas.